EXPEDICION PARAKA WÄCHOÜ                              

TERCERA ENTREGA      

5Esta era una noche muy especial ya que habíamos concluido una parte de la expedición y estábamos a la expectativa de los vuelos de Parapente con Iván y Ronald. En el Campamento donde pasamos la noche tuvimos un percance: A Carlos Silva lo picó una hormiga 24 y todos nos preocupamos mucho. Afortunadamente  fue en la planta del pie y ya que  los Piaroas tienen una planta del pie mas dura que una suela, el aguijón no llego a penetrarle, y solo lo incomodó por algún tiempo, así que al día siguiente estaba bien. Este campamento se ubicaba entre el rio principal y un pequeño caño. Lo impresionante fue que la lluvia fue tan intensa que luego de seis horas de agua, la cascada creció tanto que cancelamos la idea de hacer Cayoning. El pequeño caño que teníamos al lado estaba como el cauce de un rio agitado y caudaloso y nos impedía la salida del campamento, así que decidimos hacer un puente y asegurarlo con cuerdas, que nos exigió tiempo y esfuerzo, pero a la final lo logramos y pudimos salir para continuar nuestro retorno. Este recorrido final fue bastante duro, los caños habían crecido demasiado y las sorpresas de la selva aumentaban a cada momento con arboles caídos y la humedad en su máximo punto, aunado a un calor desesperante. Finalmente llegamos a Merey, el punto de partida, donde Mario Henao nos esperaba con los bongos y un almuerzo inesperado, por el sitio y el menú: Una deliciosa pasta con carne acompañada de frutas. Luego de bajar el por el caño Manteco, nos encontramos en la laja de Báquiro con el equipo de Paramotor.

Los Paramotores son equipos muy simples que constan de un Parapente y un pequeño motor de dos tiempos de un cilindro con una hélice de madera que va montado en una estructura de aluminio la cual te colocas en la espalda como un morral y puedes despegar a pie desde zonas planas y de esa forma volar sin la necesidad de montañas o corrientes térmicas. Estos equipos son muy prácticos y seguros siempre que tengas lugares cómodos para despegar y aterrizar y las condiciones del clima sean las adecuadas. Precisamente para este viaje eran condiciones desconocidas para nosotros.

Durante horas, Iván y Ronald analizaron las condiciones del clima, posibles lugares de despegue y aterrizaje que hasta el momento eran muy alentadoras.
Al llegar al final del Caño Manteco y ver la posible zona de despegue se dieron cuenta que por las lluvias se había inundado y no era posible despegar, por lo que decidieron regresar con nuestro guía Mario a un lugar que quedaba 2 horas rio abajo en el río Autana en una comunidad llamada Báquiro. Alli podían despegar desde una gran Roca en medio de la Selva, mientras Tony y el resto del equipo caminaban por la Selva hasta el lago.

Al Caer la noche una vez ubicados en la comunidad indígena y con luna llena prepararon los Paramotores para intentar volar temprano al siguiente día. Al amanecer ubicaron la zona de despegue que no dejaba de representar un gran reto.

Una Roca muy porosa que enredaba las cuerdas del parapente, cuando se mojaba era una perfecta pista de patinaje y cuando estaba seca parecía un velcro,  perfecto para enredar y romper las líneas de los parapentes. Sumado a esto, una humedad de 95% y el calor sobre aquella inmensa roca no era fácil de soportar con toda la ropa y el equipo que debían tener encima y casi nada de viento para el despegue.
La gran distancia hasta el Lago Leopoldo implicaba máxima carga de combustible en el Paramotor y por ende más de 40 Kg. En la espalda para intentar despegar en tan solo 15 metros. Mucha, pero mucha Selva con muy pocos o prácticamente ningún lugar para aterrizar. Para hacer todo más interesante el clima se complico y la lluvia no los dejo volar ese día.

2Al día siguiente las condiciones del clima no mejoraron hasta las 3 de la tarde y a pesar que hicieron el intento de despegar solo Ronald pudo hacerlo. Para Iván fue imposible por todas las condiciones anteriores y hasta las 6 de la tarde de ese día fue que pudo despegar pero ya no había tiempo para llegar hasta el Lago.
Sin embargo y tan cual una película de suspenso, el ultimo día en la mañana después de llover casi toda la noche, el clima mejoró y a las 8 de la mañana con cero viento, la roca resbalosa, mas de 40 kg. En la espalda, lograron despegar... la selva se abrió frente a ellos cual océano verde, con ríos negros serpenteantes, con el Autana entre las nubes y los GPS apuntando hacia lo desconocido El Lago Leopoldo estaba a 37 Km. En realidad un riesgo que tenían que tomar.

4Con el Parapente sobre ellos, la Neblina sobre la Selva y la vista en el horizonte, sintiendo el viento, admirando lo increíble de estar allí... volaron hacia el Lago, con tan solo 2 horas de autonomía y muchas pero muchas sensaciones indescriptibles a unos 1200 mts. Sobre la selva, justo al lado de la Montaña Sagrada (Autana, el Árbol de todos los frutos o árbol de la vida), pidiendo permiso a todas las fuerzas mágicas... agradeciendo por estar allí... calculando la velocidad, el tiempo, la distancia, los riesgos... Viendo a Ronald con su Parapente Blanco sobre la selva verde, que a pesar de tener más de 8 mts. De envergadura parecía un punto de polvo en el espacio. La vista sobre el Lago Leopoldo era surrealista: Un lago negro con playas blancas en la sima de un Tepuy, como el cráter de un volcán en medio de la Selva del Amazonas.

Hora de regresar y enfrentan vientos en contra, con apenas 1 hora de combustible y estando a más de 30 Km del lugar seguro de aterrizaje.
Solo queda confiar en los equipos y a sabiendas de que si algo falla caerán en un Árbol o en el río con un motor de 40 kg. Que no flota!
Afortunadamente, llegaron en el límite luego de 1 hora y 55 min. De vuelo.
El encontrar al resto del equipo de Iván y Ronald fue emocionante, eran los hombres del aire como los llamaron los Piaroas. Estaban contentísimos de haber logrado los vuelos y tener la oportunidad de contemplar un paisaje inigualable.
Ellos fueron los primeros en volar en Paramotor en este lado del planeta. Ronald no podía parar  de hablar y contar su experiencia. No tuvieron ningún percance, solo en el aterrizaje que partieron dos paletas, pero todo valió la pena.
Ahora un poco más tranquilos, estábamos todos juntos y ya la expedición era un éxito.

Después de haber tenido la suerte de haber compartido con este grupo el éxito del proyecto, hay que decir que cada momento de alegría, sufrimiento, satisfacción es valido por estar cada vez más convencidos que tenemos el mejor lugar del planeta.

Además de tener la conciencia ecológica, el objetivo es siempre pasar este pensamiento de preservación y educación para que nuestros descendientes también tengan esta oportunidad.

Con nuestros agradecimientos a los hermanos Piaroas que sin ellos y su cultura jamás habríamos tenido  la oportunidad de lograr nuestros objetivos y a nuestros patrocinantes que siempre han tenido la confianza en nuestros proyectos para darnos el apoyo para poder realizar estas expediciones.
No queda más que agradecer a todas las fuerzas de la naturaleza el habernos permitido vivir esa experiencia y compartirla con todos ustedes.

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